Enfermedades mas frecuentes en aves domesticas

Enfermedades más frecuentes en
AVES DOMÉSTICAS

Las aves se han considerado desde muy antiguo animales de compañía. Hoy en día se mantienen como mascotas a muchas paseriformes y casi todas las psitácidas. Paralelamente, la medicina veterinaria especializada en aves domésticas, ha ido creciendo exponencialmente y son muchos los clínicos que la incorporan en su práctica diaria


Con respecto a la clínica veterinaria con aves hay que tener en cuenta varios aspectos:
a) las aves tienen un metabolismo basal muy alto y, por tanto, pierden hidratación y condición corporal rápidamente.


b) los dueños difícilmente identifican la gravedad de las patologías, ocurriendo con frecuencia que los animales llegan en un estado mucho más grave de lo que ellos imaginan.


c) en general las aves no suelen mostrar signos de enfermedad hasta encontrarse muy graves, como respuesta innata a la predación. Todo esto obliga al clínico a actuar con rapidez estableciendo un protocolo de soporte que cubra las necesidades de calor, hidratación y nutrición y, por otro lado, avanzando en el tratamiento empírico antes de tener un diagnóstico certero.


1. Enfermedades dermatológicas

Los trastornos de la piel y del plumaje son muy frecuentes y, desde luego, los más evidentes en las aves. Además, aunque las lesiones o alteraciones del plumaje pueden estar motivadas por distintas patologías propias del tegumento, muchas son causadas por procesos sistémicos que surgen en el momento de la muda.
Una característica propia de las aves es que este tipo de lesiones se pueden iniciar o acabar como trastornos del comportamiento que provocan arrancamiento de plumas e, incluso, lesiones de automutilación en la propia piel que se terminan complicando. Es el denominado picaje que, por sí solo, supone un desafío veterinario.
Como consecuencia de todo lo anterior, para poder realizar un diagnóstico se ha de seguir un protocolo minucioso que permita ir descartando patologías, siendo fundamental realizar una correcta anamnesis que oriente al clínico.

2. Infecciones víricas

2.1. Enfermedad de pico y plumas
Está causada por un Circovirus. Existen varios circovirus que afectan a distintas especies pero el de mayor trascendencia clínica es el que afecta a las psitácidas.
Tiene dos manifestaciones clínicas: 1) forma aguda, que suele afectar a pollos y jóvenes y se caracteriza por una leucopenia grave y necrosis hepática, con o sin afectación evidente en el plumaje; 2) forma crónica, que se caracteriza por una muda en la que las plumas nuevas son distróficas y, aunque el síntoma más evidente son las lesiones que causa en el plumaje, también afecta gravemente al sistema inmune.
Los animales afectados suelen ser jóvenes pero causa infección en todas las edades. Las aves más susceptibles son los yacos, agapornis y cacatúas, mientras que las psitácidas americanas lo son menos. Aun así, no se puede olvidar que puede afectar a todas las psitácidas.
Es una enfermedad que se disemina fundamentalmente por heces, secreciones del buche, plumas y polvillo del plumaje. También se ha demostrado la transmisión vertical del virus a los huevos.
Hay varias cepas del virus y, según la zona geográfica, algunos genotipos son más prevalentes que otros. El comercio de estos animales hace que la enfermedad se disemine fácilmente.
Otro motivo de su diseminación tan rápida es que el periodo de incubación es muy variable, dependiendo de la edad y/o especie afectada y puede ir desde los 21 días a varios años y, además, es frecuente que haya animales que actúen como portadores asintomáticos.
El diagnóstico de elección frente a circovirus es la PCR, que es muy sensible y específica. Ante un positivo se ha de actuar con cuidado, aislando al animal y repitiendo la prueba a los 90 días. Con los pollos o juveniles se ha de repetir la prueba a los 3 meses porque pueden negativizarse, superar la infección y no quedar como portadores.

3. Infecciones parasitarias
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3.1. Ácaros
3.1.1 Knemidocoptes
En la piel las parasitosis más frecuentes son las dermatitis causadas por un ácaro del género Knemidokoptes. Hay varias especies pero, desde el punto de vista clínico, las más importantes son: Knemidocoptes pilae y Knemidocoptes mutans, que afectan a la cabeza y patas y son más frecuentes en psitácidas; y Knemidocoptes intermedius y Knemidocoptes jamaicensis que sólo afectan a patas y parasitan fundamentalmente a paseriformes.
La transmisión se produce por un contacto directo de pájaro a pájaro de forma prolongada y a través de perchas y jaulas sucias. La transmisión interespecífica no parece que se produzca.
Hay varias causas que predisponen a los animales a padecer esta parasitosis, como las deficiencias nutricionales, las condiciones ambientales y la inmunosupresión concurrente.
Las lesiones aparecen fundamentalmente en las zonas ápteras y se caracterizan por hiperqueratosis en respuesta a la presencia del parásito.

3.1.2. Ácaro rojo
Este es un ácaro frecuente en aviarios (Dermanisus gallinae) porque se localiza fuera de los hospedadores, es capaz de sobrevivir sin alimentarse durante varios meses y puede afectar a todas las especies de aves.
Se alimenta de sangre y causa debilitamiento en las aves afectadas llegando a causar la muerte, especialmente si son pollos. Tampoco se debe olvidar que es vector de varias enfermedades.

3.2. Malófagos
Los malófagos son parásitos de las plumas. Hay cientos de especies y son específicos de especie. La presencia de malófagos en pequeña cantidad no se considera patogénico porque ingieren restos de plumas y escamas pero una gran población puede provocar lesiones en las plumas y prurito intenso, pudiendo alterar el comportamiento del animal.

4. Enfermedades gastrointestinales

Las enfermedades del aparato gastrointestinal son muy frecuentes en aves, muchas veces asociadas a la inadecuada limpieza de las jaulas. Los signos clínicos son inespecíficos y comunes causando anorexia, vómito, regurgitación, disfagia, constipación y diarrea.
Los signos son fácilmente distinguibles y pueden ser observados por los dueños, permitiendo que acudan con los pájaros enfermos antes de que el estado de la enfermedad sea avanzado.
Dentro de estas patologías se exponen a continuación las más relevantes.

4.1 Éstasis de buche
El éstasis de buche se produce cuando hay una dificultad en su vaciamiento. Puede originarse por múltiples causas, que van desde afecciones en el propio buche (infecciones bacterianas, fúngicas o parasitarias) a afecciones sistémicas del animal (enfermedades infecciosas sistémicas, víricas o bacterianas, intoxicación por metales, etc.) e, incluso, obstrucción intestinal.
Es fundamental diagnosticar la causa llevando a cabo un examen exhaustivo que ha de comenzar por la radiografía del animal y citología de buche. Debido a las múltiples causas que lo pueden originar, se irá realizando un diagnóstico diferencial hasta identificar la causa subyacente.

4.2. Candidiasis
Es una afección causada frecuentemente por Candida albicans. Las cándidas forman parte de la microbiota pero pueden causar enfermedad primaria en animales inmunosuprimidos, como pollos o adultos con enfermedades crónicas.
Los animales afectados muestran signos de letargia, depresión, vómitos, regurgitación, estasis de buche, etc.
4.3. Capilariasis
La capilariasis es la enfermedad causada por el nemátodo Capillaria spp. Este parásito es específico de especie y la mayoría de las especies de capilaria son de ciclo de vida directo haciendo, por tanto, muy difícil su control.
Las lesiones dependen de la especie de capilaria pero son frecuentes las ingluvitis y las enteritis, por lo que los signos clínicos son anorexia, diarrea mucosa, pérdida de peso y deshidratación.

4.4. Tricomoniasis
La tricomoniasis está causada por un protozoo de ciclo directo, la Trichomona gallinae. De distribución mundial, afecta a muchas especies de aves pero es muy frecuente en palomas, periquitos y rapaces.
El contagio se produce por el contacto entre pájaros, siendo muy frecuente la transmisión a los pollos, a través del agua contaminada, etc.
Las lesiones pueden confundirse con poxvirus, candidiasis, capilariasis y cualquier patología que cause una lesión granulomatosa.

4.5. Megabacterias
Las megabacterias (Macrorhabdus ornithogaster) deben su nombre común a que fueron consideradas bacterias grandes que, de forma sorprendente, respondían a tratamientos antifúngicos, sin embargo, con las nuevas tecnologías Tomaszewski et al. en 2003 demostraron que son hongos ascomicetos, levaduras.
Estos hongos afectan a muchas especies, tanto de producción como de compañía, habiéndose descrito en paseriformes, psitácidas y rátidas.
El contagio a los pollos se produce a través de la alimentación parental y a otras aves por contaminación oral-fecal.
Todavía no ha quedado muy claro el papel patógeno de las megabacterias o Macrorhabdus, pues su presencia en animales sanos deja claro que no siempre provoca enfermedad en las aves afectadas.
Las megabacterias se alojan en el aparato digestivo. Cuando estos hongos proliferan hacen que aparezca gran cantidad de moco en el foco de crecimiento aumentando el pH y dificultando la digestión de la comida. En los casos más graves invaden las paredes y dilatan el proventrículo llegando a provocar úlceras.
Los síntomas son digestivos y pueden ser de presentación aguda, con vómitos, diarrea, hemorragia y dificultad respiratoria (asociada al dolor) o síntomas crónicos relacionados con la mala absorción de los alimentos, siendo el síntoma más frecuente la delgadez extrema unida a una gran ansia por comer.

4.6. Enfermedad de Dilatación del Proventrículo (PDD)
Se considera una enfermedad vírica emergente. Actualmente, todas las evidencias científicas indican que el causante de la Enfermedad de Dilatación del Proventrículo es un bornavirus, un virus ARN del que actualmente se conocen 9 genotipos y que puede afectar a más de 70 especies de psitácidas, paseriformes, anseriformes e incluso a rapaces. Por otro lado se ha demostrado la presencia del bornavirus en animales aparentemente sanos.
La PDD está causada por una inflamación no purulenta (ganglioneuritis neuropática) del sistema nervioso autónomo del aparato gastrointestinal, tejidos nervioso y cardiaco, aunque hay que tener en cuenta que no todos los síntomas concurren a la vez.
El PDD causa una neuropatía que, según donde afecte, causa unos síntomas u otros. Los síntomas clínicos más frecuentes son los relacionados con el aparato gastrointestinal, apareciendo comida sin digerir en heces, regurgitación, vómitos, pérdida de peso, anorexia, letargia y depresión. Los síntomas neurológicos pueden aparecer en ocasiones y se caracterizan por ataxia, movimientos anormales de cabeza, paresia progresiva que puede acabar en parálisis, convulsiones, pérdida de propiocepción y automutilación. Puede cursar con muerte súbita por alteraciones neurológicas en el corazón.
En los casos sospechosos el diagnóstico antemortem se inicia realizando un estudio radiológico, con o sin contraste, para ver el tamaño del proventrículo ya que se ha establecido en todos los casos positivos a PDD, un ratio proventrículo-quilla, superior a 0,52. La biopsia de buche se consideraba la prueba de elección pero produce un 30% de falsos negativos. Actualmente se realiza la PCR (heces, sangre y plumas), acompañada de serología que, aunque también dan falsos negativos, es mucho menos invasiva.