Los monos capuchinos empiezan a cazar cuando escasea la fruta: ¿como nuestros primeros antepasados?
Los monos capuchinos empiezan a cazar cuando escasea la fruta: ¿Cómo nuestros primeros antepasados?
Un nuevo estudio ha concluido que estos primates devoran pequeños vertebrados para sobrevivir a las sequías.
Cuando el hambre aprieta, el ingenio se dispara. Y, si bien los monos capuchinos son criaturas ágiles y frugívoras, saltando de rama en rama en busca de un bocado dulce, el instinto de supervivencia ha salido a flota en una situación en la que, cuando la fruta y los vegetales escasean, los monos capuchinos barbudos (Sapajus libidinosus) se transforman en letales cazadores de pequeños vertebrados y los científicos creen que esta flexibilidad dietética podría ser el reflejo exacto de las estrategias que utilizaron nuestros primeros antepasados humanos para sobrevivir a los drásticos cambios climáticos del pasado.
El hambre agudiza el instinto: de la fruta a la carne
El nuevo trabajo publicado en la revista PLOS One, liderada por Susana Carvalho (del Parque Nacional de Gorongosa) y Noemi Spagnoletti (de la Universidad La Sapienza de Roma), ha roto el paradigma conocido acerca de que la caza sistemática era un rasgo casi exclusivo de los homínidos y de parientes muy cercanos, como los chimpancés.
Sin embargo, en su trabajo quedó demostrado que, tras más de 5.000 horas de observación directa a lo largo de 45 meses en la Fazenda Boa Vista (un área semiárida en el noreste de Brasil, entre el Cerrado y la Caatinga), los investigadores lograron documentar 446 episodios de depredación.
Cuando la estación seca marchitaba los recursos vegetales, los capuchinos no se resignaban a la inanición, sino que cambiaban su menú. Así de simple. Los lagartos se convirtieron en su presa favorita (43%), seguidos de los roedores (28%), aunque tampoco desdeñaron a pequeñas aves, zarigüeyas e incluso serpientes. La carne, en definitiva, actuaba como un salvavidas nutricional ante la falta de frutas o los alimentos que suelen llevarse a la boca por regla general.
Cerebros y vísceras: un festín rico en grasas
¿Y qué se comían primero de estos animales? Según observaron los expertos, en la inmensa mayoría de los casos, los capuchinos devoraban primero el cerebro y los órganos internos antes de pasar al tejido muscular.
El motivo es por pura eficiencia energética. En épocas de escasez, el cerebro y las vísceras ofrecen una altísima densidad de lípidos y nutrientes esenciales; como una inyección rápida de calorías vitales para mantener en funcionamiento sus propios cerebros, proporcionalmente grandes.
Además, el estudio reveló una curiosa asimetría social: los machos adultos cazaban con mayor frecuencia y asumían riesgos mucho mayores, enfrentándose a presas peligrosas como las serpientes, mientras que las hembras se centraban en lagartijas y roedores más manejables, sin introducirse ‘en áreas de peligro’. Aunque la caza solía ser individual, también se documentaron sorprendentes episodios de caza cooperativa, donde varios jóvenes se aliaban para abatir a una iguana, compartiendo después el botín entre todos en medio de la maleza.
¿Un espejo de la evolución humana?
¿Un eco de nuestra propia historia evolutiva? Tradicionalmente, nos hemos imaginado a los primeros homínidos, como Homo erectus, dando un salto evolutivo espectacular al cazar grandes herbívoros en la sabana. Sin embargo, los capuchinos nos sugieren una transición mucho más humilde y pragmática.
Durante el Plioceno y el Pleistoceno, nuestros ancestros se enfrentaron también a sequías extremas que diezmaron los bosques africanos. Al igual que los monos brasileños de nuestros días, es muy probable que los primeros homínidos utilizaran la caza de pequeños vertebrados como un «peldaño evolutivo». Atrapar lagartos o roedores es menos peligroso que enfrentarse a la megafauna, pero proporciona esa grasa y proteína animal (especialmente de cerebros y vísceras) que fue el catalizador metabólico necesario para el crecimiento del cerebro humano.
«Al analizar 45 meses de datos, observamos que los pequeños vertebrados, como lagartos, roedores y serpientes, constituían una fuente de alimento clave cuando escaseaba la fruta, y eran presas predilectas para sus cerebros y vísceras. La caza de presas pequeñas podría haber sido una fuente importante de nutrición para los ancestros humanos durante periodos de escasez de alimentos, facilitando así la explotación de presas más grandes», explican los investigadores.
Este descubrimiento obliga a los paleontólogos a mirar el registro fósil con otros ojos. Quizá debamos prestar más atención a las minúsculas fracturas en los restos de roedores y reptiles hallados en los yacimientos para obtener un dibujo más preciso de la realidad hace millones de años.
Fuente: Los monos capuchinos empiezan a cazar cuando escasea la fruta: ¿como nuestros primeros antepasados?
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