¿Por qué los elefantes no tienen cáncer? Descifrando la paradoja de Peto
¿Por qué los elefantes no tienen cáncer? Descifrando la paradoja de Peto
La llamada paradoja de Peto plantea un enigma biológico: los animales más grandes deberían desarrollar más células cancerígenas. No siempre es así.
Sergi Alcalde
Un estudio publicado la semana pasada en la revista Science concluía que existe una correlación directa entre el tamaño de los perros y su esperanza de vida. Las razas caninas más grandes tienen más probabilidades de desarrollar enfermedades como el cáncer, por lo que mueren antes que las de menor tamaño. Sus conclusiones apuntaban a que los perros grandes presentan patrones de envejecimiento epigenético acelerado, un indicador asociado a una mayor mortalidad.
Desde el punto de vista biológico, este razonamiento parece lógico: organismos más grandes tienen más divisiones celulares (mitosis), lo que debería aumentar la probabilidad de mutaciones y, con ello, de tumores. Sin embargo, en 1977, el epidemiólogo de Oxford Richard Peto cuestionó precisamente esta hipótesis. Y los datos parecen darle la razón.
Ratones, ballenas y elefantes: el origen de la paradoja
En un estudio genético, Peto observó que las especies de mayor tamaño presentaban tasas de incidencia de cáncer similares, e incluso inferiores, a las de especies pequeñas. Esta aparente contradicción supuso un punto de inflexión en la investigación sobre la carcinogénesis y acabó siendo conocida como la paradoja de Peto.
El papel de las mutaciones
Para entender esta paradoja debemos recordar cómo funciona los organismos de los seres pluricedulares. Las células están en constante actividad y deben renovarse mediante regeneración celular. Para ello, se dividen y sustituyen a las células envejecidas. Aunque existen mecanismos para garantizar la correcta replicación del ADN, siempre se producen errores y aparecen mutaciones aleatorias.
Normalmente, las células dañadas se eliminan mediante un proceso denominado apoptosis. Además, el sistema inmunitario detecta y destruye de forma rutinaria muchas de las células tumorales que surgen cada día. El problema aparece cuando las mutaciones afectan a los propios mecanismos de control y permiten el desarrollo de un tumor maligno.
Más células, pero no más cáncer
Por lógica, un mayor número de células debería traducirse en una mayor probabilidad de mutación. Sin embargo, la comparación entre ratones, humanos, elefantes y ballenas azules demuestra que la frecuencia de aparición del cáncer no aumenta proporcionalmente con el tamaño corporal. Este hecho constituye el núcleo de la paradoja de Peto.
A lo largo de estas décadas, la ciencia se ha encargado de matizar algunas premisas de esta paradoja. Por ejemplo, un estudio reciente publicado en la revistaProceedings of the National Academy of Sciences (PNAS),basado en el estudio de 263 especies de anfibios, aves, mamíferos y reptiles cuestiona la premisa de Peto, pues encontró una mayor prevalencia de cáncer en las especies de mayor tamaño, lo que sugiere que los linajes que aumentaron de tamaño con rapidez pudieron desarrollar un mejor control del crecimiento celular.
La posible explicación genética
¿Por qué Una de las hipótesis plantea que los grandes animales poseen más copias de genes supresores de tumores, responsables de activar la muerte celular cuando detectan anomalías. Gracias a esta protección adicional, sería necesario acumular un mayor número de mutaciones para que aparezca un cáncer.
Otra explicación sugiere que los tumores podrían tener un impacto relativo menor en organismos de gran tamaño. Un tumor que resulta grave para un ratón podría ser insignificante en una ballena azul.
Sin embargo, los estudios de Peto se basaban en datos de distintas especies, aunque no ahondaban sobre un mismo animal. Volvemos a la investigación publicada recientemente en la revista Science, en la que se indica que los perros de gran tamaño parecen seguir un patrón distinto. Esto es, las razas más grandes muestran una mayor probabilidad de morir antes que las pequeñas, posiblemente debido a una mayor acumulación de mutaciones.
¿Qué ocurre con los humanos ? Las personas más altas tienen un mayor riesgo de padecer cáncer
La paradoja de Peto define que no existe correlación ni causalidad entre especies más grandes y mayor tasa de cáncer. Pero esta excepción no afecta a individuos de una misma especie. Ocurre, por ejemplo, con las razas de perros… y también con los humanos. Las personas más altas tienen, de promedio, un mayor riesgo de desarrollar cáncer, una conclusión a la que llegaron dos trabajos complementarios. Por un lado, el estudio Height and cancer incidence in the Million Women Study: prospective cohort, and meta-analysis of prospective studies of height and total cancer risk, publicado en 2011 e la revista Lancet Oncology a partir de datos observacionales de 1.297.124 mujeres británicas de mediana edad, complementado con un metanálisis que incluye otros estudios prospectivos de mujeres y hombres.
Además, un marco teórico establecido en 2018 por Leonard Nunney a partir de los datos de cuatro grandes estudios de vigilancia epidemiológica que cubrían 23 categorías de cáncer. En una primera aproximación se deujo que el riesgo de cáncer aumenta de manera consistente con la altura. En concreto, en torno al 14-16 por ciento por cada 10 centímetros adicionaels. En el segundo, se analizó la tasa de riesgo promedio y encontró una correlación significativa en 18 de las 23 categorías de cáncer, y en ninguna de ellas fue significativamente inversa, lo que concuerda con una influencia general de la altura no limitada a un mayor tejido.
De nuevo, la hipótesis de un mayor número de células -y, por tanto una mayor probabilidad de errores en la división celular- cobra fuerza. Los datos extraídos de este análisis no significan que la altura tenga un factor preeminente en la probabilidad de desarrollar cáncer, pero sí que marca una relación directa. Hay que recordar que se trata de datos observacionales, no analíticos. Y que parecen indicar que hay otras causas además de la altura, como la nutrición o los valores hormonales, que podrían afectar por separado a la altura y a la incidencia de cáncer. Por eso habría que tener cautela a la hora de establecer una inferencia causal.
Esto es, es probable que, como decíamos, lo que realmente causa una mayor probabilidad de desarrollar cáncer sea una mayor tasa de división celular en algunos tejidos, aunque estos estudios tampoco lo demuestran de forma definitiva. Serán necesarios nuevos estudios de cohorte para verificarlo.
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