Carcinoma de células escamosas cutáneo en caninos

Introducción 
El carcinoma de células escamosas (CCE) es una de las neoplasias malignas de piel más frecuentes en caninos,1-3 caracterizada por presentar diversos grados de diferenciación de queratinocitos epidérmicos.4,5

Aunque la etiología de esta neoplasia es en gran parte desconocida y probablemente –como sucede con otros tumores– sea multifactorial, la exposición crónica a la radiación ultravioleta (UV) se considera el factor de riesgo más importante para su desarrollo.2,3,6 Sin embargo, no todos los CCE cutáneos son inducidos por la radiación UV.1 Otro factor que ha sido implicado en la presentación de los CCE es la infección con el virus del papiloma canino (VPC). En este sentido, dos estudios demostraron el desarrollo de CCE a partir de lesiones inducidas por este virus, denominadas placas virales pigmentadas.7,8 Asimismo, el VPC podría ser la causa del desarrollo de CCE en perros inmunosuprimidos, como se constató en un grupo de perros con inmunodeficiencia combinada grave ligada al cromosoma X.9 Asimismo, se hallaron antígenos del VPC en múltiples CCE cutáneos de un perro que había sido tratado con fármacos inmunosupresores.10

La asociación entre el VPC y el CCE ha sido investigada utilizando técnicas de inmunohistoquímica y reacción en cadena de la polimerasa (PCR). Mientras que los estudios que emplearon las técnicas de inmunohistoquímica han detectado antígenos de VPC en algunos CCE cutáneos,11-13 aquellos que usaron la PCR han obtenido resultados contradictorios. Por un lado, Zaugg y colaboradores aislaron ADN viral en 4 de las 19 muestras procesadas correspondientes a CCE cutáneos14 y Waropastrakul y colaboradores sólo lo encontraron en 1 de 20 CCE analizados;15 en cambio, Munday y colaboradores no lograron aislar el ADN viral en ninguno de los 20 CCE analizados.16 Dado que la presencia del VPC sólo se ha comprobado en algunos CCE cutáneos, actualmente no hay pruebas su cientes para determinar el papel que desempeña este virus en el desarrollo de los CCE en los perros.15

La bibliografía veterinaria también describe la asociación entre otras entidades patológicas y el desarrollo del CCE cutáneo canino. Como ejemplo, puede mencionarse un estudio que informa la aparición de CCE en ambos pabellones auriculares de un paciente canino que presentaba otitis externa bilateral exudativa. Las neoplasias se localizaban sobre el área del pabellón auricular que cubría el conducto auditivo externo. Esta región de la piel estaba en permanente contacto con las bacterias y el exudado, que habrían actuado como un factor promotor.17 Otro estudio reporta el desarrollo de CCE en los planos nasales de dos caninos que presentaban lesiones crónicas no controladas de lupus eritematoso discoide.18 Por último, se describe la aparición de CCE múltiples a partir de quistes foliculares múltiples19 y de la cicatriz de una quemadura.20 Todos estos hallazgos parecen demostrar la importancia de los procesos inflamatorios previos en la patogénesis de esta neoplasia.

Características clínicas


El CCE cutáneo canino se desarrolla en animales de edad avanzada y su incidencia es mayor entre los 6 y 10 años de edad.4,5 Las lesiones asientan principalmente en la piel del tronco, los miembros, el escroto, los labios, el ano y los lechos ungueales.1,3,5 Según su aspecto macroscópico, los CCE pueden ser proliferativos o ulcerativos. Las formas proliferativas aparecen como masas papilares de tamaño variable y aspecto similar al de una coliflor, que luego pueden ulcerarse; las formas ulcerativas se presentan como úlceras superficiales, que en ocasiones se profundizan.3,5 

Como se señaló antes, la exposición prolongada a la luz UV se considera el factor de riesgo más importante para el desarrollo del CCE cutáneo. Los sitios anatómicos más afectados por la exposición crónica a la radiación UV son aquellos donde la epidermis tiene escasa o nula pigmentación y donde la densidad del pelo es menor.4,5 Por ello, esta neoplasia se presenta con más frecuencia en los perros de pelaje corto y blanco o moteado y en las áreas abdominal, ventral de los flancos y medial de los muslos (figs. 1, 2 y 3).2 Asimismo, la incidencia de esta neoplasia se relaciona no sólo con el clima de la región geográfica donde habita el animal, sino también con sus hábitos y conducta. Por esta razón, los caninos que pasan un tiempo considerable al aire libre y, en particular, aquellos con el hábito de tomar sol presentan un mayor riesgo de desarrollar CCE cutáneo secundario a la exposición solar.2,6,21 

Los CCE inducidos por la radiación UV, generalmente, son precedidos por una lesión preneoplásica denominada queratosis actínica. Esta lesión es considerada por algunos autores un CCE in situ, dado que su única particularidad es que la membrana basal se encuentra intacta, aunque es frecuente su progresión hacia una forma invasiva.2

Los lechos ungueales son otra de las localizaciones anatómicas de los CCE en los caninos. De hecho, este tumor constituye la neoplasia digital más común en esta especie.5,22,23 Esta presentación, que puede afectar a uno o varios dedos del mismo animal, en general se observa en perros de razas grandes con pelajes negros,5,22-24 lo que sugiere que su desarrollo no sería promovido por la exposición a la radiación UV, sino que se debería a una susceptibilidad genética relacionada con la raza o el color de pelo.24 Algunas de las razas más predispuestas a presentar CCE de los lechos ungueales son Labrador retriever, Rottweiler, Caniche estándar, Schnauzer gigante y Dachshund.22-24 Por lo general, se trata de una lesión solitaria, ulcerada y localmente invasiva.3 El dedo afectado puede presentar infección e inflamación secundarias y la uña puede estar deformada o ausente.5

El plano nasal es una ubicación menos habitual del CCE.2,6 Allí, la lesión puede desarrollarse como secuela de la despigmentación causada por enfermedades autoinmunes, como lupus eritematoso discoide, pénfigo eritematoso o vitíligo, que hace más susceptible la piel a la exposición solar.5 Algunos autores consideran que los CCE del plano nasal están asociados con inflamación crónica más que con daño solar crónico.2 Sin embargo, existe poca información sobre esta forma de presentación en los perros.

Comportamiento

Los CCE cutáneos suelen ser de crecimiento lento y localmente invasivos.1,4,5 Las metástasis son poco frecuentes, pero pueden aparecer cuando el CCE es escasamente diferenciado o cuando el tumor no ha sido diagnosticado o tratado durante un tiempo prolongado.4,5

Los CCE de algunas localizaciones anatómicas en particular, como por ejemplo los de los lechos ungueales, presentan un comportamiento mucho más agresivo.1,4,5,23 Por lo general, las células tumorales infiltran el tejido óseo de la tercera falange. Algunos tumores más agresivos también pueden alcanzar el cartílago articular (e invadir el espacio articular entre la segunda y la tercera falange) y la bolsa de los tendones flexores y extensores digitales.4 Asimismo, esta forma de presentación puede estar acompañada de metástasis en los linfonódulos regionales1,5 y, menos frecuentemente, en los pulmones.4

Este comportamiento más agresivo también se describe respecto del CCE del plano nasal, dado que suele provocar invasión local y metastatizar hacia los linfonódulos regionales.5,25

Diagnóstico

Es sumamente importante el diagnóstico temprano del CCE canino, cualquiera sea su localización anatómica.6

El examen citológico de las lesiones suele ser útil para establecer un diagnóstico presuntivo.5 En los preparados citológicos de muestras de CCE, las células neoplásicas tienden a exfoliarse de forma aislada o en grupos26 (fig. 4). La imagen citológica varía dependiendo del grado de diferenciación del tumor.26,27 Los CCE bien diferenciados se caracterizan por el predominio de células epiteliales cornificadas con bordes angulares y núcleos atípicos. Los CCE escasamente diferenciados se distinguen por el predominio de células redondeadas pequeñas, con una proporción núcleo:citoplasma aumentada respecto de la normal.26,27

Asimismo, cuando el tumor es menos diferenciado, pueden encontrarse otros criterios de malignidad, como incremento de la basofilia citoplasmática y marcada variación en los tamaños celular, nuclear y nucleololar, así como también en el número y la forma de los nucleolos (fig. 5).26 Una característica citológica típica de los CCE es la maduración asincrónica del núcleo y el citoplasma.26,29,30 El núcleo de las células escamosas normales, a medida que éstas maduran y se cornifican, sufre picnosis, cariorrexis y finalmente desaparece.

Sin embargo, este patrón de diferenciación se altera cuando hay transformación maligna.29 Las células son grandes, tienen abundante citoplasma y bordes angulares y conservan un núcleo grande, funcional, no picnótico (fig. 6).26 Otras características distintivas de los CCE son las vacuolas claras perinucleares, que pueden agregarse formando un anillo claro alrededor del núcleo,26,28-30 y la cola citoplasmática en algunas células individuales (células renacuajo; fig. 7).26

Los CCE con frecuencia se presentan con inflamación neutrofílica como resultado de la ulceración de las lesiones y la posterior infección bacteriana.30 Dado que la inflamación suele asociarse con cambios displásicos en las células epiteliales, desde el punto de vista citológico puede resultar difícil determinar si el proceso primario ha sido la neoplasia o la inflamación.28 Asimismo, aun cuando el diagnóstico citológico sea inequívoco, el examen histopatológico es importante para determinar el grado de infiltración de los tejidos circundantes, un aspecto que la citología no puede revelar.30

La histopatología es el método de diagnóstico definitivo, mediante el cual puede confirmarse que la lesión es un CCE.5 Según sus características microscópicas, el CCE canino puede clasificarse como bien diferenciado, moderadamente diferenciado o escasamente diferenciado. Otras variantes menos frecuentes son el CCE acantolítico, el CCE de células fusiformes y el CCE verrucoso.2 El CCE bien diferenciado es la variante histológica más común (fig. 8). Las lesiones comprenden islas o trabéculas de células epiteliales escamosas, que se originan en la epidermis y se extienden hacia la dermis (figs. 9 y 10).2,5 Estas células escamosas muestran un patrón de diferenciación ordenado; en la periferia de la lesión tumoral, las células del estrato basal son no cornificadas, mientras que en el centro, las células son cornificadas y se observa la acumulación de queratina en forma de perlas o cebolletas (fig. 11). Estas últimas no se encuentran cuando el tumor es poco diferenciado y, por lo tanto, no deben considerarse un elemento indispensable para el diagnóstico.

Otras características que deben tenerse en cuenta para determinar el grado de diferenciación tumoral son la actividad mitótica, la presencia de atipias nucleares y citoplasmáticas y el hallazgo de invasión a los vasos linfáticos o sanguíneos.2

Conclusiones

En medicina veterinaria, el CCE cutáneo generalmente se asocia con los felinos, dado que en esta especie es la neoplasia maligna más frecuente y produce alteraciones morfológicas y funcionales importantes debidas a la pérdida gradual de tejido en su localización anatómica más habitual (nariz y orejas).2 Sin embargo, en los caninos, es el segundo tumor cutáneo maligno más común2 y la principal neoplasia que afecta los dedos.5,22,23

Si bien el CCE es más prevalente tanto en los gatos como en los perros de pelaje corto y blanco, en los caninos puede desarrollarse en algunas localizaciones anatómicas particulares, como los lechos ungueales, en cuyo caso presenta un comportamiento mucho más agresivo y tiene mayor probabilidad de generar invasión local y metástasis. 1,4,5,23

Es importante conocer las distintas formas en las que el CCE puede presentarse en los caninos, dado que un reconocimiento precoz por parte del clínico y un tratamiento oportuno contribuyen a mejorar la calidad de vida del paciente.

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Autor

B.L. Sanz Ressel 1; C.G. Barbeito 2; A.R. Massone3

1 Auxiliar Diplomada de Histología y Embriología, Facultad de Ciencias Veterinarias, Universidad Nacional de La Plata (Buenos Aires, Argentina). Becaria CONICET.

2 Profesor titular de Histología y Embriología y profesor adjunto de Patología General Veterinaria, Facultad de Ciencias Veterinarias, Universidad Nacional de La Plata (Buenos Aires, Argentina). Investigador independiente CONICET.

3 Profesor adjunto de Patología Especial Veterinaria, Facultad de Ciencias Veterinarias, Universidad Nacional de La Plata (Buenos Aires, Argentina).

 

Publicado en Centro Veterinario