El Mal Rojo del cerdo

  • En el cerdo la infección producida por Erysipelothrix rhusiopathiae desencadena cuadros septicémicos, cutáneos y crónicos, asentados estos últimos en articulaciones y válvulas cardíacas.

 

El agente persiste de forma latente principalmente en las tonsilas, incluso en los animales vacunados.

Este pequeño bacilo recto, gram-positivo, inmóvil, acapsulado, no esporulado aerobio y anaerobio facultativo, es relativamente resistente a las condiciones medioambientales y aún más en presencia de materia orgánica. Puede sobrevivir durante meses y años en tejidos a 4 oC y es relativamente resistente a la congelación, a la desecación y al calor. La capacidad de sobrevivir durante largo tiempo en el suelo le confiere particular importancia en explotaciones en extensivo o en el caso de la cría del cerdo ibérico.

Pese a que la presentación de la enfermedad es netamente enzoótica, existen brotes epizoóticos que suelen ser de carácter estacional coincidiendo con el final de la primavera y el verano. Sin embargo, en los otoños muy lluviosos y en los primeros días de la entrada de cerdos en montanera es muy frecuente la presentación de brotes de Mal Rojo.

La especie porcina es el reservorio natural de E. rhusiopathiae. Cerdos aparentemente sanos portan con frecuencia el germen en las tonsilas, válvula íleocecal, placas de Peyer y, en general, en el tejido linfoide; eliminándolo con las heces y con la saliva del mismo modo que lo hacen los enfermos, aunque estos últimos en mayor cantidad. Existe un transmisión directa a través de pequeñas heridas en la piel, por contacto con heces infectadas, así como por la saliva y secreciones nasales; e indirecta por vía oral con el agua y los alimentos.

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El Mal Rojo del cerdo