Ana Mª García, de la Clínica Veterinaria 100 Dálmatas y miembro de Vetsunidos: «No queremos saltarnos la Ley: queremos que nos permita tratar a los animales como se merecen»

Entrevista a Ana, de la Clínica Veterinaria 100 Dálmatas y miembro de VetsunidosAna Mª García, de la Clínica Veterinaria 100 Dálmatas y miembro de Vetsunidos: «No queremos saltarnos la Ley: queremos que nos permita tratar a los animales como se merecen»

  1. ¿Qué impide hacer hoy el Real Decreto 666/2023 en la consulta y qué consecuencias concretas tiene para los animales? ¿Puedes contar un caso en que haya condicionado un tratamiento?

Es muy difícil explicar todas las cosas que el Real Decreto ha cambiado en consulta. Hay mil ejemplos concretos. Pero lo más importante que ha cambiado,

en mi opinión, es el miedo. Ahora mismo un veterinario no puede estar nunca seguro de que, pese a que su actuación sea clínicamente correcta, no esté saltándose la legislación. Y me consta que hay compañeros que siguen haciendo cosas lógicas y totalmente válidas en consulta que ya no están permitidas sin saber que la legislación no lo permite. Vivimos constantemente en la inseguridad jurídica. Te pongo un ejemplo muy sencillo.

Acude a consulta un gato con fiebre. Todos tenemos en el botiquín algún medicamento inyectable que le bajaría la fiebre rápidamente al animal. Pero existe un medicamento autorizado, en comprimidos, indicado para la fiebre en gatos. Y la legislación nos obliga a usar este medicamento. Evidentemente para un gato con fiebre, enfermo, seguramente sin ganas de comer nada, va a ser muy complicado administrarle el comprimido. Pero la normativa da prioridad al medicamento autorizado y nos exige justificar por qué no resulta adecuado para ese paciente antes de recurrir a otra opción. ¿Qué supone esto para el paciente?

Imaginad, en lugar de conseguir que se encuentre mejor rápidamente mientras investigamos la causa de su enfermedad, prolongamos su malestar hasta que el tutor consiga la medicación recetada y se la administre si es que puede.

  1. ¿Qué cambia para una familia y su animal cuando el veterinario no puede aplicar el tratamiento que considera más adecuado?

Los veterinarios hacemos, día a día, todo lo posible para que estas dificultades repercutan lo menos posible en los animales y sus familias. Y trabajamos con el temor añadido de que nuestras decisiones clínicas puedan ser cuestionadas. Pero hay situaciones que no podemos resolver. Ver que se prolonga el malestar de un animal preocupa a su familia y también a su veterinario. Las familias tienen que buscar medicamentos que antes podíamos proporcionarles en consulta, asumir gastos de pruebas exigidas que no siempre consideramos necesarias desde el punto de vista clínico o adquirir envases completos cuando solo necesitan una pequeña cantidad. Las dificultades que plantea esta legislación no terminan al salir de la consulta: las padecen también en casa el animal y su familia

3. Las recomendaciones europeas dicen que la existencia de un medicamento  autorizado no excluye automáticamente recurrir a la prescripción en cascada.  ¿Por qué sigue sin haber una explicación clara del Ministerio sobre cómo  actuar con seguridad jurídica?

El motivo de que el Ministerio no haya despejado estas dudas tendrá que explicarlo el propio Ministerio. Lo que nosotros podemos explicar es cómo trabajamos: con inseguridad jurídica.

Tenemos la normativa, las notas aclaratorias y las recomendaciones, pero seguimos necesitando respuestas concretas. ¿Cuándo se considera que un medicamento autorizado no es adecuado para un paciente? ¿Qué justificación es suficiente para utilizar otro? ¿Se va a aplicar el mismo criterio en todas las inspecciones?

Por supuesto que debemos documentar nuestras decisiones clínicas. El problema es que dejar una decisión por escrito no garantiza que después la Administración considere válida esa justificación. Necesitamos criterios claros y compartidos que nos permitan saber cómo actuar antes de tratar al animal, no descubrir después si nuestra interpretación era la que se esperaba.

Mientras eso no esté resuelto, la incertidumbre recae sobre el veterinario, y sus consecuencias también pueden recaer sobre el animal y su familia.

  1. ¿Cómo puede defender la Administración que protege la salud animal si un medicamento puede resultar ineficaz según su ficha técnica y, aEntrevista a Ana, de la Clínica Veterinaria 100 Dálmatas y miembro de Vetsunidos la vez, se limita que el veterinario adapte sus condiciones de uso a la evidencia científica?

La ficha técnica es una referencia fundamental, pero no puede recoger todas las situaciones que encontramos en consulta. Tratamos pacientes concretos, con enfermedades, respuestas y necesidades distintas.

Si un tratamiento no está funcionando, necesitamos poder reevaluarlo y adaptarlo conforme a la evidencia científica. Por supuesto, asumiendo nuestra responsabilidad y dejando constancia de los motivos. Lo que necesitamos es un marco claro que permita hacerlo con seguridad jurídica.

La Administración debe garantizar la seguridad de los medicamentos y también que los animales puedan recibir un tratamiento eficaz. Para conseguir ambas cosas, el criterio clínico del veterinario tiene que tener un espacio real. Si se reconocen excepciones, esas excepciones deben poder aplicarse en la consulta con criterios comprensibles y garantías suficientes.

5.  Si algunas fichas técnicas de antibióticos están desactualizadas, ¿no es  peligroso obligar a seguir sus        pautas sin poder adaptarlas a los resultados de  sensibilidad bacteriana?

Precisamente por eso llevamos casi dos años pidiendo que se revisen y actualicen las fichas técnicas que han quedado desfasadas respecto a la evidencia científica. Si queremos luchar contra las resistencias, necesitamos utilizar los antibióticos de forma eficaz en el paciente, no solo cumplir una pauta sobre el papel.

Y, por otro lado, el antibiograma es una herramienta muy importante, pero hay que interpretarlo en el contexto clínico. Que una bacteria sea sensible a un antibiótico en el laboratorio no garantiza, por sí solo, que el tratamiento vaya a funcionar en el animal. Ese medicamento tiene que llegar al tejido infectado y alcanzar allí una concentración suficiente durante el tiempo necesario. Puede inhibir la bacteria en una placa de cultivo y no conseguir ese mismo resultado en el foco de infección.

Por eso necesitamos integrar el resultado del laboratorio con la localización de la infección, las características del medicamento y la situación del paciente. Un tratamiento ineficaz puede prolongar la enfermedad y exponer al animal a

antibióticos sin conseguir curarlo. Lo que pedimos es que las fichas técnicas se actualicen y que exista un marco claro para adaptar los tratamientos a la evidencia científica cuando esté justificado. El criterio clínico del veterinario es imprescindible para hacer un uso responsable de los antibióticos y combatir las resistencias.

  1. Se exige un uso prudente de los antibióticos, pero se denuncia que no siempre se pueden ajustar las dosis para que sean eficaces. ¿No es una contradicción que puede perjudicar la lucha contra las resistencias?

Sí, cuando las restricciones dificultan elegir el tratamiento más adecuado para ese paciente, se puede comprometer precisamente el uso prudente que se pretende defender. Y a nosotros nos preocupa muchísimo, porque somos quienes tenemos delante al animal enfermo y a una familia que confía en que podamos ayudarlo.

Usar prudentemente un antibiótico exige elegirlo bien y administrarlo con la dosis, el intervalo y la duración adecuados. Necesitamos poder ajustar la pauta cuando la evidencia científica y las circunstancias del paciente lo justifiquen. También necesitamos que la categorización de los antibióticos se aplique teniendo en cuenta qué medicamento puede funcionar en ese animal y alcanzar el lugar de la infección.Y hay otra incoherencia que las familias entienden enseguida: pedimos un uso responsable, pero pueden verse obligadas a comprar una caja completa cuando el tratamiento requiere solo una parte. Por un lado, están pagando por medicación que no necesitan y, por otro lado, quedan sobrantes de antibiótico en los hogares.

Nosotros queremos curar al animal que tenemos delante y conservar la eficacia de los antibióticos para los pacientes que vendrán después. Son dos responsabilidades que asumimos cada día. Por eso pedimos que se nos permita elegir y ajustar el tratamiento con respaldo científico y dispensar la cantidad necesaria. Eso también es luchar contra las resistencias.

  1. Cuando la norma choca con el criterio clínico, ¿quién debe cargar con las consecuencias: el veterinario que firma la receta o la Administración que dicta las reglas?

Los veterinarios soportamos una gran responsabilidad día a día: tomar decisiones clínicas, elegir tratamientos y dar la cara ante las familias cuando las cosas no salen como todos queremos. Cuando, además, la norma choca con el criterio clínico, somos quienes luchamos por ofrecer la mejor atención posible pese a todo.

Estamos entre la espada y la pared. Debemos cumplir la norma, pero si las limitaciones que nos impone dificultan el tratamiento, seguimos siendo nosotros quienes tenemos delante al animal y debemos explicar a su familia por qué no podemos hacer lo que consideramos más adecuado. Eso es tremendamente injusto. La Administración debería asumir también la responsabilidad de las reglas que establece. Si limita nuestras opciones terapéuticas, tiene que responder por esas limitaciones y ofrecer soluciones viables.

No olvidemos que detrás de todo este problema hay un animal que puede seguir sufriendo y una familia que necesita soluciones. Eso es lo que más nos duele. Necesitamos que nuestra responsabilidad vaya acompañada de la capacidad

  1.  ¿Por qué recae sobre el veterinario la responsabilidad de la prescripción excepcional mientras la Administración no aclara las reglas y las fichas técnicas tardan en actualizarse?

Eso es precisamente lo que nos parece injusto. Al veterinario se le exige que justifique sus decisiones y asuma las responsabilidades de una prescripción excepcional, pero seguimos reclamando claridad sobre cuándo podemos recurrir a ella y qué justificación se considera suficiente.

Y, mientras tanto, llevamos casi dos años pidiendo que se actualicen las fichas técnicas que han quedado desfasadas. Pedimos que la misma exigencia que se aplica a los veterinarios se aplique también a los laboratorios para que esa actualización avance. No puede recaer sobre quien atiende al paciente toda la presión de resolver lo que otros tienen pendiente. Porque el animal no puede esperar a que se aclaren los criterios o se revise una ficha técnica. Está enfermo hoy. Y nosotros tenemos que tomar una decisión hoy, con nuestros conocimientos, nuestra responsabilidad y el miedo a que después se cuestione lo que hemos hecho para ayudarlo.

Asumimos nuestra responsabilidad profesional cada día. Lo que pedimos es que la Administración y los laboratorios asuman también la suya, para que trabajar conforme a la evidencia científica tenga un respaldo claro y no suponga una incertidumbre añadida.

  1. Entrevista a Ana, de la Clínica Veterinaria 100 Dálmatas y miembro de VetsunidosLa dispensación no es lo mismo que decidir qué tratamiento necesita un animal. ¿Qué riesgos hay cuando quien entrega el medicamento no ha examinado al paciente ni conoce su historial, diagnóstico y evolución?

Respeto el trabajo de los farmacéuticos y sus conocimientos sobre medicamentos. Pero el veterinario aporta una formación específica sobre las distintas especies y, además, conoce al paciente: lo ha explorado, conoce su historial, sus enfermedades, los tratamientos que recibe y su evolución. Todo eso es necesario para decidir cómo tratarlo. Ese papel tiene reconocimiento europeo. La normativa europea sitúa al veterinario en el centro de la prescripción y la evaluación clínica del animal, y la Federación de Veterinarios de Europa defiende la importancia de su criterio profesional para un uso responsable del medicamento.

Además, que el veterinario prescriba y dispense a sus pacientes es un modelo establecido fuera de España, como ocurre en el Reino Unido, casi todo los países de la Unción Europea y Estados Unidos. Pedimos poder integrar también aquí el acceso al medicamento en la atención que prestamos, con controles, trazabilidad y responsabilidad.

El riesgo aparece cuando se aconseja cambiar un tratamiento o se cuestiona una pauta sin conocer al animal ni consultar con quien lo está tratando. Las diferencias entre especies importan, y una decisión adecuada para una persona puede no serlo para un gato o un perro.Las farmacias tienen un papel valioso y complementario, también cuando necesitamos medicamentos humanos. Esa colaboración debe respetar el criterio del veterinario y facilitar que el tratamiento llegue al paciente. Para una familia con un animal enfermo, salir de la consulta con su medicación, saber cómo administrarla y tener al profesional disponible para seguir su evolución supone tranquilidad y continuidad asistencial. Eso es lo que defendemos.

  1. ¿Puede el personal de una farmacia sustituir el conocimiento clínico del veterinario sobre la especie, la dosis, la vía de administración y las particularidades de cada paciente? ¿Por qué debería el veterinario mantener el control del proceso?

No. No pretendo infravalorar la labor de los farmacéuticos; nunca ha sido nuestra intención. Respetamos su trabajo y sus conocimientos sobre medicamentos, pero eso no sustituye la valoración clínica del veterinario que ha explorado al animal y conoce su historia. Podemos colaborar, consultar dudas y detectar posibles errores, manteniendo claramente definida la responsabilidad de cada profesional y respetando la dirección clínica del veterinario que trata al paciente.

Una dosis no se decide solo por el peso. Tenemos en cuenta la especie, la edad, las enfermedades que padece, los otros tratamientos que recibe y cómo ha respondido a ellos. También elegimos la vía de administración pensando en lo que necesita ese paciente y en lo que su familia puede hacer en casa. Todo eso hay detrás de una receta.

El veterinario debe mantener la dirección del proceso porque el tratamiento continúa después de prescribirlo: hay que comprobar si funciona, detectar efectos adversos y decidir si necesita algún cambio. Si surgen dudas al dispensar, deben resolverse con quien lleva el caso, evitando que la familia reciba instrucciones contradictorias.

Para nosotros ese animal tiene nombre, tiene una historia y tiene una familia que confía en nuestra ayuda. Si somos responsables de su tratamiento, necesitamos poder coordinarlo y seguirlo hasta el final.

  1. ¿Habéis recibido casos de propietarios que hayan acudido a una farmacia con una receta veterinaria y hayan encontrado problemas porque el personal dispensador se extralimitó, cuestionó el tratamiento o intentó indicar una pauta terapéutica? ¿Qué ocurrió y qué consecuencias tuvo para el animal?

Sí. Cuando comenzó a aplicarse esta legislación estuvimos recopilando incidencias y recibimos bastantes. Nos comunicaron desde casos en los que se decía a la familia que un medicamento «no existía», cuando sabíamos que estaba comercializado y disponible, hasta la entrega de una presentación de 200 mg cuando la receta indicaba 20 mg. También hubo sugerencias a los tutores para que nos pidieran cambiar el medicamento veterinario por uno de uso humano porque era más barato o lo tenían disponible, sin tener en cuenta las restricciones que debemos respetar para poder prescribirlo.

Detectamos a tiempo errores que podrían haber provocado sobredosificaciones muy graves. Por suerte, muchos de esos casos se pudieron corregir antes de administrar el medicamento. También recogimos incidencias con presentaciones de 3 ml que se daban por no disponibles y se sustituían por envases de 10 ml, más caros y con una cantidad innecesaria para ese tratamiento, pese a que el formato pequeño seguía comercializado y disponible.

No queremos generalizar ni desacreditar a una profesión. Entendemos el malestar de los farmacéuticos por el lío que supone para ellos el embarcarse en esta odisea. Queremos que estas incidencias sirvan para mejorar la seguridad. Ante una duda sobre el medicamento, la presentación o la dosis, lo adecuado es contactar con el veterinario que lo ha prescrito. La familia no debería tener que resolver indicaciones contradictorias, ni detectar por su cuenta un error que puede afectar a su animal.

  1. A quienes dicen que oponerse al decreto equivale a defender una prescripción sin control, ¿qué les respondes? ¿Cómo se compatibilizan el criterio clínico y la libertad terapéutica con la trazabilidad y el uso responsable?

Hemos llegado a oír que el medicamento veterinario tiene que estar «en manos de profesionales». ¿Y nosotros qué somos? Somos sanitarios. Hemos estudiado para esto, seguimos formándonos y cada día nos hacemos responsables de los animales que atendemos. Duele que pedir que se respete nuestro criterio se interprete como querer recetar sin control.

Somos los primeros interesados en que los medicamentos se usen bien. Queremos que nuestros pacientes mejoren, que sus familias puedan darles el tratamiento y que los antibióticos sigan funcionando cuando los necesitemos. Eso también es cuidar de la salud pública. Claro que podemos compaginar el criterio clínico con la trazabilidad. Podemos dejar registrado qué hemos recetado, a qué animal, cuánto necesita y por qué lo hemos elegido. Lo que pedimos es que, cuando se revise esa decisión, se tenga en cuenta la razón médica que hay detrás.Y hay cosas que cuesta mucho explicar a una familia. Pensemos en un medicamento veterinario que se presenta en envases de varios litros para tratar animales de producción. Si para ese paciente fuera adecuado un pequeño envase de uso humano, ¿qué sentido tendría hacerle comprar una cantidad enorme que no va a necesitar? ¿De verdad eso ayuda a usar mejor los medicamentos? A mí me parece bien que se controle lo que hacemos. Pero también quiero que se nos escuche y que se confíe en nuestra formación. Detrás de cada receta hay un animal al que hemos explorado, una familia con la que hemos hablado y una decisión que hemos tomado para ayudarlo. Eso tiene que contar. No me he decidido por un jarabe por capricho, es porque mi paciente no es capaz de tragar pastillas. No he inyectado en consulta por nada, es porque mi paciente necesitaba que actuase rápidamente. Que la decisión no dependa de la burocracia sino de nuestra formación, no es pedir prescribir sin control.

  1. ¿Por qué los veterinarios reclaman derogar el RD 666/2023 en vez de conformarse con cambios parciales? ¿Qué debería garantizar una nueva regulación?

Dentro de la profesión hay distintas opiniones sobre si hay que derogarlo o modificarlo, pero en lo fundamental todos estamos de acuerdo: queremos poder trabajar con seguridad y que se respete nuestro criterio como profesionales sanitarios. No entendemos por qué somos los veterinarios de toda la Unión Europea que, bajo un Reglamento común, tienen mas dificultades para ejercer su trabajo conforme a su criterio clínico. Quienes piden la derogación consideran que los cambios parciales no resuelven el problema de fondo, que sería mejor partir de cero y redactar una legislación coherente desde el principio. Este Real Decreto desarrolla un Reglamento Europeo que podría ser de aplicación directa y que, en otros países, han intentado armonizar precisamente para favorecer el trabajo de los veterinarios. Pero aquí no. Hay recomendaciones europeas que aquí se han transformado en obligaciones estrictas.

¿Qué debería garantizar una nueva regulación? Lo primero, seguridad jurídica. Necesitamos saber qué podemos hacer y poder elegir el tratamiento adecuado según las necesidades del paciente, sin trabajar con miedo. También necesitamos que se flexibilice la cascada de prescripción. ¿Qué sentido tiene tener que recurrir a un medicamento veterinario de otro país de la Unión Europea si aquí tenemos uno de uso humano que podría ser adecuado para ese animal? Imagina que tu animal necesita empezar el tratamiento hoy y te digo que tenemos que tramitar la llegada de un medicamento desde Holanda, teniendo aquí una opción que podría servirle. ¿Cómo se lo explicamos a esa familia? Eso es lo que queremos que se tenga en cuenta. La disponibilidad real del medicamento, cuánto va a tardar en llegar y si el animal puede esperar. Si el formato en el que se presenta es el adecuado para ese paciente en concreto.

Necesitamos una regulación que nos permita responder a esas necesidades, con controles y con responsabilidad, pero también con sentido común. Porque el animal está enfermo hoy y necesita que le ayudemos.

  1. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar el colectivo para que se le escuche? Si las protestas y las gestiones institucionales no bastan, ¿qué medida de presión tendría que venir después?

Siempre hemos sido un colectivo tranquilo. Hemos ido adaptándonos a los cambios, centrados en nuestro trabajo y en nuestros pacientes. Pero esta normativa nos ha hecho levantar la cabeza y decir: así es muy difícil trabajar. Porque somos profesionales responsables. Queremos cumplir la ley y cuidar a nuestros pacientes lo mejor posible. Y encontrarnos con dificultades para hacer las dos cosas a la vez nos genera mucha frustración. No queremos saltarnos la ley. Queremos que la ley nos permita tratar a los animales como se merecen. Llevamos dos años explicando nuestros problemas a la Administración y sentimos que seguimos escuchando las mismas respuestas que el primer día. Mientras tanto, al día siguiente volvemos a la consulta y el problema sigue ahí. Con un animal que necesita tratamiento y una familia que espera que podamos ayudarlo. Seguiremos movilizándonos y acudiremos a las instituciones europeas si aquí no encontramos soluciones. No puedo anunciar una medida concreta que el colectivo no haya acordado, pero sí decir que no vamos a dejar de pedir este cambio. Detrás de todo esto están nuestros pacientes, nuestra responsabilidad y nuestra manera de entender la profesión. Nos importa demasiado como para resignarnos.

  1. ¿Se está planteando una huelga general de la profesión veterinaria? ¿Qué tendría que ocurrir para convocarla y qué servicios deberían quedar garantizados?

Sí, se ha planteado una huelga general. Hemos valorado todas las posibles medidas de presión para que se nos escuche y para que la sociedad conozca el problema. Pero nuestra profesión es muy diversa: hay compañeros en ganadería, en clínica, en aduanas, en seguridad alimentaria, en laboratorios… Si todos parásemos, se notaría mucho. Incluso dentro de la clínica de pequeños animales es difícil coordinarnos. Y quiero aclarar algo: muchos autónomos y pequeñas clínicas sí estarían dispuestos a cerrar, con el esfuerzo que eso supone. Son compañeros que están dando la cara y que dejarían de trabajar ese día porque entienden lo que nos estamos jugando. Donde vemos más dificultades para conseguir ese compromiso es en los grandes hospitales y las cadenas. No vemos la misma disposición a parar, ni siquiera manteniendo la atención imprescindible. Y eso duele, porque las dificultades que estamos denunciando afectan también a los veterinarios que trabajan allí. El esfuerzo no puede recaer siempre sobre los mismos. Para convocarla necesitaríamos un respaldo suficiente y una organización que permita que la protesta tenga fuerza. No hace falta que todos pensemos igual, pero sí que seamos capaces de defender juntos algo tan básico como poder atender bien a nuestros pacientes.

Y, por supuesto, habría que garantizar las urgencias, la atención de los animales hospitalizados y los tratamientos que no puedan esperar, además de los servicios esenciales de salud pública en los demás ámbitos. Eso lo tenemos claro. Precisamente porque nos importan nuestros pacientes estamos haciendo todo esto.

  1. Si hubiera una huelga general, ¿cómo afectaría a la ciudadanía y a los animales? ¿Qué servicios podrían retrasarse y quiénes serían los más perjudicados?

A mí me gustaría que la sociedad pudiera ver todo lo que significa un día sin veterinarios. Porque mucha gente piensa en nosotros cuando su perro o su gato enferma, pero hay muchísimo trabajo detrás que apenas se ve. Se podrían retrasar controles en mataderos, la entrada de determinadas mercancías en las fronteras, visitas a granjas, análisis de laboratorio… En las clínicas habría que aplazar consultas rutinarias, revisiones o cirugías que pudieran esperar. Nuestro trabajo está en muchos sitios en los que la gente ni siquiera imagina que hay un veterinario. Lo notarían las familias con animales, los ganaderos, las empresas alimentarias y quienes dependen de esos controles para poder trabajar. Y las demoras pesarían más sobre quienes tienen menos recursos o menos alternativas para desplazarse y reorganizarse. Pero, por supuesto, habría que mantener la atención imprescindible para que los animales y la sociedad no quedasen desamparados. Las urgencias, los pacientes que no pueden esperar y las actuaciones necesarias para proteger la salud pública tendrían que quedar cubiertos. Da pena que tenga que plantearse una huelga para que se vea todo esto. Estamos cada día cuidando animales, vigilando enfermedades que pueden llegar a la sociedad y ayudando a que los alimentos lleguen con seguridad a la mesa. Esa labor silenciosa también es veterinaria. Y nos gustaría que se reconociera y se escuchara a quienes la hacemos antes de tener que llegar a parar.

  1. ¿Cómo se organizaría una huelga para proteger las urgencias y a los pacientes vulnerables, sin que el coste de la protesta recaiga sobre ellos?

Ese es uno de los grandes problemas a la hora de plantear una huelga. Somos una profesión muy vocacional y nos costaría muchísimo pensar que un animal que nos necesita pudiera quedarse sin atención. Nos preocupan las consecuencias para nuestros pacientes y sus familias, porque las sentimos como algo nuestro. Pero precisamente por ellos estamos luchando.

Habría que organizarlo antes, coordinarnos entre centros para cubrir las urgencias y asegurar la atención de los animales hospitalizados y de quienes necesitan tratamientos que no pueden interrumpirse. Y explicar a las familias qué puede esperar, qué no y dónde acudir si necesitan ayuda. No podemos dejarles a ellos la responsabilidad de resolverlo. El año pasado, para una manifestación, hicimos un cartel que decía: «Si el día de la manifestación tu veterinario no está, no te ha abandonado. Está luchando por tus derechos». Eso es lo que queremos transmitir. Que cuando salimos a protestar seguimos pensando en los animales que atendemos cada día.

Yo podría intentar trabajar limitándome a cubrirme las espaldas. Pero no me hice veterinaria para eso. Quiero poder mirar a un paciente y saber que tengo a mi alcance todas las herramientas posibles para ayudarlo. Y quiero poder decirle a su familia que estamos haciendo lo mejor para él.

Eso es lo que queremos muchísimos compañeros. Por eso nos cuesta tanto plantearnos parar y, a la vez, nos cuesta tanto aceptar que tengamos que seguir trabajando así.

  1. ¿Qué mensaje le darías a la ciudadanía para explicar por qué una huelga veterinaria podría llegar a considerarse necesaria y qué se está reclamando realmente?

Les diría que llevamos dos años intentando que se entienda lo que nos está pasando. Con ejemplos reales, de los que nos encontramos cada día en consulta. Explicando cómo determinadas exigencias pueden acabar dificultando precisamente lo que todos queremos: cuidar bien a los animales y proteger la salud pública. Y sentimos que, salvo pequeños cambios, seguimos sin una solución al problema de fondo. El papel lo aguanta todo, pero luego hay que ponerse delante de un animal enfermo y ayudarlo. Para que se entienda, imaginad que a un profesor le obligasen a dar exactamente la misma explicación a todos sus alumnos, sin poder adaptarla cuando uno no comprende algo. El profesor tiene formación, conoce a ese niño y sabe que necesita otra manera de aprender. Pero no le dejan apartarse del guion. Pues nosotros también necesitamos poder adaptar lo que hacemos al paciente que tenemos delante. Porque cada animal es distinto.  Claro que queremos controles. Claro que queremos usar bien los medicamentos y luchar contra las resistencias a los antibióticos. Somos sanitarios y eso forma parte de nuestro trabajo. Lo que pedimos es que las normas tengan en cuenta la ciencia, que las fichas técnicas se actualicen y que nuestro criterio clínico tenga el lugar que le corresponde. Necesitamos poder explicar por qué un paciente necesita un tratamiento y que esa explicación se escuche y se valore.

Una huelga supondría un esfuerzo enorme y nos preocuparían mucho las molestias que pudiera causar. Si llegamos a plantearla es porque sentimos que llevamos demasiado tiempo explicando un problema que sigue sin resolverse.

A las familias les diría: cuando vuestro animal enferma, confiáis en que vamos a hacer todo lo posible por ayudarlo. Y nosotros queremos poder responder a esa confianza. Eso es lo que estamos defendiendo. Poder trabajar con responsabilidad, con seguridad y con todas las herramientas que nuestros pacientes necesitan.

  1. ¿Qué les dirías a los veterinarios que comparten el malestar, pero no se movilizan por miedo a represalias, a perder ingresos o a que la protesta no sirva? ¿Qué podría cambiar si el colectivo actuara unido?

Les diría que les entiendo. Entiendo el miedo, la preocupación por perder ingresos y esa sensación de pensar que, hagamos lo que hagamos, no va a servir. Hay compañeros que llevan dos años dándolo todo y también están cansados. Por eso necesitamos apoyarnos.

VetsUnidos nació precisamente de ahí. Cuando recibimos las primeras charlas sobre cómo iba a afectar el RD 666 a nuestro trabajo, cada uno se desesperaba en su consulta. Pensábamos: «¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Y qué puedo hacer yo para cambiar esto?». Desde tu consulta, tú solo, todo parecía imposible. Entonces Marina y Sonia crearon un grupo. Empezamos a hablar y nos dimos cuenta de que no estábamos solos. Que lo que me preocupaba a mí también le preocupaba al compañero de otra ciudad. Que compartíamos el mismo malestar y las mismas ganas de hacer algo.

Y de ahí salió algo muy bonito. Además de organizar acciones para cambiar las cosas, empezamos a ayudarnos con esas situaciones nuevas en las que, literalmente, no sabíamos qué podíamos hacer y qué no. Poder preguntar, compartir una preocupación y encontrar a alguien que te entendiera ya suponía un alivio enorme.

Eso es lo que me gustaría que encontraran los compañeros que todavía no se han sumado. No tienen que poder con todo ni hacerlo todo. Cada uno puede aportar desde sus posibilidades. Y cuando uno está agotado, tener al lado a otros que siguen te ayuda a no rendirte.

A veces sentimos que nos tratan como a niños con una rabieta, esperando que nos cansemos y se nos pase. Pero esto no se nos pasa, porque al día siguiente volvemos a trabajar y el problema sigue ahí. Y nos importa demasiado nuestra profesión y nuestros pacientes como para resignarnos.

¿Va a servir de algo? No puedo prometer cuándo conseguiremos lo que pedimos. Pero sí sé lo que ya ha cambiado: hemos dejado de sentirnos solos. Yo nunca había sentido a la profesión tan unida. El veterinario de al lado es un compañero que entiende lo que estás viviendo y con el que puedes contar.

Esa unión hay que cuidarla. Nos permite sostener el esfuerzo, defendernos juntos y hacernos escuchar con mucha más fuerza. Nos han subestimado. Estamos cansados, sí, pero no nos vamos a rendir.

  1. ¿Qué tendría que pasar para que dentro de un año pudieras decir que esta movilización ha servido? ¿Qué compromiso concreto le exigirías hoy al Ministerio?

Parece que no avanzamos, pero sí hemos conseguido cosas. Hemos conseguido que se nos escuche, que los colegios vuelvan a movilizarse, que la Administración sepa que estamos aquí. Y hemos conseguido pequeños cambios. A veces, con el cansancio, cuesta verlos, pero están ahí. Ahora necesitamos que lleguen los que de verdad nos permitan trabajar mejor. Dentro de un año me gustaría entrar en consulta y poder pensar en cómo ayudar al animal que tengo delante, sin tener siempre ese miedo de fondo. Poder decirle a su familia: «Esto es lo que necesita y vamos a hacerlo», con la tranquilidad de estar haciendo bien mi trabajo también desde el punto de vista legal.

Al Ministerio le pediría que se sentase a escucharnos de verdad. Llevamos mucho tiempo contando situaciones concretas, cosas que nos pasan en consulta.

Necesitamos que esas conversaciones terminen con un compromiso por escrito: qué van a cambiar y en qué plazo. Porque nosotros salimos de una reunión y volvemos a encontrarnos con el mismo problema al día siguiente.

Me gustaría que entendieran que detrás de cada ejemplo que ponemos hay un animal y una familia. Que lo que sobre el papel parece una solución puede no servir cuando tienes al paciente delante. Y que quienes vivimos eso cada día tenemos mucho que aportar para que la norma funcione.

Si dentro de un año podemos atender mejor a nuestros pacientes y trabajar con más tranquilidad, sentiré que todo este esfuerzo ha servido. Me encantaría poder decirles a los compañeros: «¿Veis? Ha merecido la pena». Porque hay mucha gente dejando horas de descanso, tiempo con su familia y muchísima energía en esto. Y lo que queremos es algo tan sencillo como poder hacer bien nuestro trabajo.

 

 

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