Estas son las cosas más extrañas que los animales comen para sobrevivir
¿Te comerías a tu pareja? Estas son las cosas más extrañas que los animales comen para sobrevivir
Excrementos, sesos de crías de foca y parejas devoradas: así son los menús más insólitos del reino animal
Sergi Alcalde
Periodista especializado en ciencia, sociedad y medio ambiente
Huelga decir que la motivación principal de todo ser vivo es la supervivencia, con lo que cuando los alimentos escasean, cualquier ‘manjar’ es bueno. A algunos mamíferos les encantan los sesos de las focas. Hay insectos que se comen a sus parejas, mientras que algunas aves no les hacen ascos a sus propios excrementos. En la vida salvaje, cualquier bocado puede ser de buen gusto, aunque a nuestros paladares no nos parezca así.
El alimoche fue bautizado en su día como ‘la hiena de los faraones’. Razones no faltan, habida cuenta de su apariencia. El más pequeño de los buitres no es precisamente la más bella de las aves: cuenta con un plumaje de color blanco sucio, un collar blanco y unas alas negras. Pero si a simple vista nos parece un ave estrafalaria, no mencionemos sus hábitos culinarios, y es que si algo caracteriza a estas aves es su gusto por los excrementos de los ungulados.
¿Por qué motivo querría un ave alimentarse de estas excreciones? ¿Qué tienen estos excrementos para que les parezcan algo irresistible? La comunidad científica no cuenta todavía con una respuesta clara a esta pregunta. La primera impresión es que estos excrementos son ricos en alguna sustancia que los convierte en un manjar? Nada más lejos de la realidad. No son alimentos excesivamente ricos en nutrientes.
De hecho, se calcula que contienen menos del 0,5% de las proteínas y menos del 0,5% de grasas. Eso por no hablar de las bacterias imprevisibles. Muy poco valor nutritivo para un riesgo tan alto. En 2013, un equipo de investigadores españoles creyó haber encontrado una pista que podría ser decisiva: los carotenoides, una sustancia presente en las zanahorias, calabazas, albaricoques y cualquier tipo de planta caracterizada por tener un intenso color amarillo, precisamente el color de la tez de los alimoches.
¿Podría ser que el alimoche encuentre en estos excrementos el amarillo que le falta para su característica cara? ¿Qué obtiene con ello? Según los investigadores, la pista podría residir en la cabeza amarilla. Es probable que les ayude a encontrar una potencial pareja sexual. ¿Justificaría esto el riesgo de alimentarse de heces? Es posible que precisamente, los machos con una tez más amarilla puedan presumir de haber sobrevivido a una alimentación muy poco adecuada. Una hipótesis lógica, aunque todavía no probada. Seguramente existirá alguna razón… o no. A lo mejor a los alimoches simplemente les gustan las boñigas de vaca. Las preferencias son tan diversas como un arcoíris.
Los sesos de foca vuelven locas a las hienas
Las hienas cuentan con una de las peores famas del mundo animal. En vano, Aristóteles las consideraba unas criaturas pérfidas y cobardes, carroñeras maliciosas que, además, podían cambiar de sexo cuando más les convenía. Nada más lejos de la realidad. Décadas de investigación han demostrado que estos mamíferos son en realidad unos campeones de la supervivencia, y que forman sociedades matriarcales que cuidan con mucho mimo de su prole.
Sin embargo, existe una particularidad de que les sería más difícil presumir. Su gusto por los sesos de crías de foca. Al menos, es lo que demuestran cuando cada año, a inicios de verano, en Namibia, las focas del Cabo acuden a tierra a parir. Las hienas las esperan sigilosamente y se abalanzan sobre las crías, de las que solo se comen los sesos. ¿Por qué? No existe explicación biológica. Algunos científicos hipotetizan que quizás necesiten líquidos. Una posibilidad, de no ser porque en estos lugares no escasea precisamente el agua potable. Es posible que no tenga ninguna explicación biológica, sino que más bien sea un manjar decadente.
Insectos que mueren, literalmente, por «amor»
Si hablamos de insectos que se ‘zampan’ a sus parejas, seguramente se nos viene a la mente la mantis religiosa. Es el caso más conocido, aunque no el único. También lo hacen las arañas de la familia de los terídidos. Los científicos lo llaman ‘inversión reproductiva’. Esto es: después del sexo, los machos se ofrecen a las hembras como fuente de alimento. Pero en el caso de la araña no es tan sencillo. El macho, en realidad, no se ofrece a nada. Al contrario, es el primero en darse la vuelta para huir. Pero después de la cópula, ellas están hambrientas. En realidad, no se trata de una estrategia para la conservación de la especie, sino de una reacción lenta por parte del macho.
Otro caso son las hembras de algunas especies de mantis religiosa, célebes por decapitar a los machos, mucho más pequeños, después del apareamiento. A veces los devoran por completo una vez se han apareado. En ocasiones, la aniquiladora es en realidad una hembra competidora. No por necesidad, sino por despecho, o por simple demostración de fuerza.
Fuente: ¿Te comerías a tu pareja? Estas son las cosas más extrañas que los animales comen para sobrevivir
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