Los pingüinos se han convertido en un inesperado ‘enemigo’ para el hielo de la Antártida: todo es culpa de este proceso natural
Los pingüinos se han convertido en un inesperado ‘enemigo’ para el hielo de la Antártida: todo es culpa de este proceso natural
Las heces del pingüino favorecen la proliferación de algas encima del hielo antártico, lo que absorbe mayor calor del sol y favorece el deshielo.
“Los pingüinos huelen muy mal”, explica Alia Khan, biogeoquímica de la Universidad de Colorado en Boulder especializada en la criosfera. “Caminan contoneándose entre sus excrementos y los esparcen por toda la nieve”. Por este motivo, las colonias de pingüinos no se caracterizan por ser, precisamente, un lugar muy salubre. Pero allí estaba Khan a principios de 2026, junto a su equipo, armados con cucharas cerámicas.
La misión era sencilla, recorrer en barco un área del oeste de la Península Antártica del Oeste e ir tomando muestras de distintos puntos, algunos en los que hay zonas de anidación de pingüinos y otras en las que no. De este modo, esperaban obtener pistas acerca de por qué esta región en concreto es una de las que está experimentando un mayor calentamiento de todo el planeta. Experimentos anteriores apuntaban hacia un sospechoso: los excrementos de pingüino. Pero tenían que comprobarlo.
Según indica Khan, existe una relación entre la fauna silvestre, los nutrientes y las algas de la nieve que, por lo general, no se tiene en cuenta a la hora de predecir cómo retrocede el hielo en la Antártida. “Si no tenemos en cuenta estos efectos biológicos que oscurecen la superficie del hielo, es probable que estemos subestimando la rapidez con la que se están derritiendo las capas de nieve costeras y la velocidad a la que se extenderán las zonas sin hielo por toda la Antártida”.
Las algas que crecen en el hielo
Una vez se ataviaron con lo necesario para acometer una expedición antártica en toda regla, el equipo de Khan fue en busca de lugares en los que la nieve y el hielo se tornan de color rojizo o verdoso. En estas zonas, atrapadas entre las capas níveas, hay algas en crecimiento que han hecho de las playas antárticas su hogar. Durante los breves veranos antárticos, cuando tienen los suficientes nutrientes, las algas activan su crecimiento y empiezan a producir pigmentos como la clorofila, para así poder absorber los rayos de sol, crecer y reproducirse.
Ahora bien, la fuente de esos primeros nutrientes que las algas necesitan para comenzar su ciclo vital no caen del cielo. Sino que provienen de los excrementos que los pingüinos depositan en sus zonas de anidación. Estas deposiciones, conocidas como guano, son ricas en fosfatos, que es uno de los nutrientes limitantes para el crecimiento de las algas.
