Megabacterias

Megabacterias

Maripi Lanzarot, DVM, PhD
Hospital Veterinario Gwana Vet

Las megabacterias (Macrorhabdus ornithogaster) son  hongos ascomicetos, levaduras. Su nombre común viene determinado por su morfología, ya que tienen forma similar a unas bacterias de gran tamaño y durante muchos años se pensaba que eran bacterias anómalas, muy largas y grandes, que no respondían bien a los tratamientos para su eliminación. Finalmente, se ha confirmado que son hongos.

 

Estos hongos tienen una distribución geográfica muy extensa, habiéndose descrito su presencia en varios continentes. Distintos tipos de aves son afectadas incluyendo paseriformes, psitácidas y rátidas. Su presencia es común en aves de producción pero también en pájaros de compañía. Hasta hace poco se creía que los Macrorhabdus afectaban exclusivamente a las aves pero se han encontrado unos hongos, muy parecidos a las megabacterias, en muestras clínicas de perros y gatos afectados por trastornos respiratorios.

Todavía no ha quedado muy claro el papel patógeno de las megabacterias o Macrorhabdus, pues su presencia en animales sanos deja claro que su aparición no siempre provoca enfermedad en las aves afectadas. Y es que existe muy poca información sobre cómo actúan los Macrorhabdus porque, no se ha podido cultivar el organismo en el laboratorio con la facilidad necesaria que permita reproducir los síntomas clínicos y todavía quedan muchos aspectos de estos hongos sin conocer.

Las megabacterias se alojan en el aparato digestivo, en el istmo, que es la zona que se encuentra entre la parte glandular de la molleja (proventrículo) y la parte muscular (ventrículo). Cuando estos hongos proliferan, hacen que aparezca gran cantidad de moco en el lugar en el que están creciendo, dificultando la digestión de la comida.  En los casos más graves, invaden las paredes donde se encuentran y dilatan el proventrículo llegando a provocar úlceras. En algunos casos se han descrito inflamaciones intestinales (enteritis) asociadas a las megabacterias, pero esta situación parece producirse de forma secundaria a la debilidad del animal.

El contagio se produce a los pollos a través de la alimentación de los padres y a otras aves por contaminación oral-fecal, es decir, los animales excretan en las heces las megabacterias y las aves que acceden a ellas se contaminan también.

Con la histopatología de las lesiones se ha comprobado que las megabacterias son muy poco invasivas y por tanto, se sospecha que son factores concomitantes como el estrés, muda, malnutrición y la aparición de otras enfermedades las que pueden ayudar a que las Macrorhabdus proliferen y el animal desarrolle síntomas. Vemos, por tanto, que puede ser una enfermedad oportunista.

Los síntomas que provocan se deben a que las megabacterias afectan a las paredes de la zona digestiva en la que se encuentran. Cuando los animales con megabacterias enferman pueden presentar síntomas agudos, presentando vómitos, diarrea y dificultad respiratoria. Pero también la enfermedad se puede presentar de forma crónica, llegando a provocar úlceras,  que finalmente provocan una mala absorción de los alimentos, que hacen que el pájaro quiera comer pero no trague la comida, siendo el síntoma más frecuente la delgadez extrema unida a una gran ansia por comer. En la jaula se encuentra al animal junto al comedero rodeado de semillas abiertas pero que no ha tragado y no para de “comer” sin, en realidad tragar nada. De hecho, este comportamiento, asociado al plumaje esponjado que un animal enfermo adopta para conservar mejor el calor, despista a los dueños que no tienen experiencia y piensan que el animal está engordando, de forma que, cuando acude al veterinario el animal se encuentra ya  en muy mal estado. 

Los animales infectados por el Macrorhabdus ornithogaster pueden ser diagnosticados realizando una preparación en fresco de las heces que se miran al microscopio, ya que, de forma esporádica, se eliminan así. Incluso se puede hacer una toma de muestra del contenido proventricular con un lavado  a través de un sondaje o una citología del buche. Pero todas estas pruebas dan muchos falsos negativos y su diagnóstico precoz, antes de que muera el animal, en ocasiones es muy difícil.

El diagnóstico que es definitivo, sin error posible, es la necropsia de los animales. En el examen del animal muerto se aprecia el proventrículo inflamado y dilatado con comida sin digerir y de esta zona se puede recoger una muestra directamente para poder verla al microscopio.

Las publicaciones científicas indican que los tratamientos que funcionan con las megabacterias son la nistatina, el ketoconazol y la amphotericina B, siendo esta última la más efectiva, pero en España su uso es únicamente hospitalario, por lo que se emplean los otros medicamentos descritos, que no son tan específicos y que no actúan con tanto éxito, por lo que para que puedan actuar es de gran importancia un tratamiento precoz. Además de los tratamientos específicos, como opción terapéutica, se acidifica el agua de bebida con vinagre de manzana sin dejar que el pH baje de 2,5 y se corrige el estrés o las situaciones de manejo inadecuado que predispongan a los animales a enfermar.

Como ya hemos visto, el diagnóstico nos da muchos falsos negativos, complicando que se pueda administrar la medicación de forma temprana y al usar tratamientos menos específicos, la respuesta al tratamiento es muy variable, perdiendo muchos animales.

El estudio de los  Macrorhabdus es más complicado que con otros hongos debido a su capacidad limitada para crecer en cultivos. Es por eso que se sigue trabajando en su estudio para entender mejor como actúa y los síntomas que provoca (patogenia) y obtener un diagnóstico precoz y más fiable, así como tratamientos de mayor efectividad. 

Foto 1
Citología de proventrículo. Los Macrorhabdus tiene un tamaño que perimite su visualización con microscopio óptico simplemente a 10X.
Foto 2
Necropsia. Imagen de proventrículo totalmente dilatado.
Foto 3
Los animales afectados tiran las semillas pero no las comen.
Foto 4
Administración de amfotericina B. La administración de amfotericina B ha de realizarse con sonda esofágica para evitar accidentes de aspiración pulmonar.
Foto 5
En la imagen radiográfica se aprecia la dilatación de proventrículo.